lunes, 9 de enero de 2012

Titiritesa de Xerardo Quintiá, 2007.

En el reino de Antesdeanteyer vivía la princesa Titiritesa. Lo más le gustaba era comer terrones de azúcar y refocilarse en los charcos, cosa que hacía rabiar a su madre, la reina Mandolina, que soñaba con verla casada. Ella soñaba con explorar el mundo en un caballo azul. Y su padre no soñaba nada: roncaba tumbado boca arriba. Un día que su madre anunció que iba a tener una institutriz que le enseñaría maneras de princesa, ella huyó de casa. En el camino encontró un burro sin nombre. Como ella le regaló el nombre de Bufaldino, aceptó acompañarla.
Y llegaron al reino de Pasadomañana. Su rey, Godofredo, estaba llorando porque el monstruo Paposiete Dumbocado había raptado a su hija Wendolina. Fue a su rescate la princesa con el burro y convenció al monstruo de que se hiciera vegetariano y liberara a la princesa a cambio de aprender a tocar la flauta y un jersey nuevo. E incluso los acompañó hasta el reino de Pasadomañana. En el camino, las dos jóvenes sintieron un airecillo juguetón que les hizo cosquillas en el pensamiento. Durmieron juntas y aquella noche soñaron que volaban a lomos de Bufaldino, que Xan Dacova, el inventor de palabras, les regalaba la palabra que llama a la risa, Trukulutrú, y que se besaban una y otra vez en el Sueño Azul.
Cuando llegaron junto a Godofredo, le dijeron que eran novias y se querían casar. Estando en plena ceremonia de boda, apareció Mandolina, quien, al saber que su hija se iba a casar con otra mujer, cayó siete veces sin sentido. Pero cuando la princesa le chilló a su madre la palabra que llama a la risa, ella empezó a reir. Entonces todos se quedaron contentos.
Y las dos princesas se marcharon a la búsqueda del Sueño Azul a caballo de Bufaldino.



MARAVILLOSO

domingo, 1 de enero de 2012

La Théorie Littéraire des Mondes Possibles, ed. Françoise Lavocat, 2011.

Trad.: "Según Saul Kripke y su famoso "modelo M", la realidad es un universo de mundos posibles de entre los cuales hay uno que no sólo es posible, sino que es el actual".

jueves, 8 de diciembre de 2011

Seísmos de Javier Puche, 2011.

"Secretamente celebra el ciego los eclipses".

"Mi sombra flirtea con otro cuerpo". 

Son seísmos, cuentos de seis palabras tan completos como la más larga de las novelas. Javier Puche los escribe y Riki Blanco los ilustra. 
Paseando con Alas Para Volar por una librería, Seísmos tembló entre mis manos. Las seis palabras, escogidas y ordenadas, ilustrando o ilustradas y finitas o infinitas, juguetean con las referencias culturales y literarias de los lectores para construir grandes historias.

El libro fue amor a primera vista en la librería y sigue siéndolo cada vez que uno de sus terremotos me sacude. 

NOTA: 10

domingo, 4 de diciembre de 2011

El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, 1902.

"La conquista de la tierra, que por lo general consiste en arrebatársela a quienes tienen una tez de color distinto o narices ligeramente más chatas que las nuestras, no es nada agradable cuando se observa con atención".
                             (Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas, 35)


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Contra la interpretación de Susan Sontag, 1961.

"Mi idea de un escritor: alguien que se interesa por "todo".
                               (Susan Sontag: Contra la interpretación y otros ensayos, 387)

martes, 29 de noviembre de 2011

Explosiones Literarias




Explosiones Literarias

Cómo comenzar una novela I

"¡Condena es lo que me ha tocado vivir con este niño! No puedo soportar su actitud" -pensaba Clara todos los días de su hijo Ricardo. Era su madre y eso la obligaba a quererlo y a cuidarlo. Pero cuando lo observaba mientras éste desayunaba, se vestía o jugaba con sus coches, sentía una náusea incontrolable. ¿La hacía eso una mala madre? Pese a todo se ocupaba de él a la perfección: lo alimentaba, lo educaba, lo trataba con verdadero cariño.
Aunque cuando el pequeño se daba la vuelta, una mueca horrible se le dibujaba en la cara. "No quiero que sea mi hijo. Probablemente no lo es. Seguramente hubo un error en el hospital".

Nadie conocía la aversión que sentía hacia su propio hijo. Ni siquiera su marido. Lo único que la aliviaba de su malestar era dejarlo cada mañana en el colegio. Para ella era como abandonarlo en una casa de acogida día tras día. Y eso la tranquilizaba.
-Adiós cariño. Volveré a recogerte después. -Decía mientras pensaba que jamás volvería a recogerlo y sabiendo que en unas horas lo estaría esperando en el mismo sitio.
Todos los días: ¡Mamá, te quiero!